
Normalmente suelo ser una persona que intenta ser agradable con los demás y si tengo un mal día no dejar que los que me rodean sufran mi estado de ánimo. Lo malo viene cuando son ellos los que le ponen a una de mala leche. Precisamente ayer fue el caso.
Una de las tareas que más pereza me produce es hacer la compra; aguantar las colas y buscar aparcamiento me desespera.
El caso es el siguiente: después de cargar en el coche la compra, me dirijo a dejar el carrito, cuando detrás de mí, oigo una voz masculina que me dice a medio grito que no coloque el carro. Yo me detengo y me giro, y de la nada aparece un señor bajito que agarra el único carro que quedaba libre (donde yo tengo que poner el mío para recoger mi eurito) y me dice que no tiene cambio y que coloque mi carro en otro sitio. En ese momento me quedo bloqueada pensando que el muy capullo me va a hacer ir a otro lugar a dejar el carro si quiero mi moneda.
Le explico lo mejor que puedo armándome de paciencia que llegué antes y que si no tiene moneda que cambie, pero nada, todo inútil porque había agarrado el carro libre y casi se lo llevaba. Así que sin otra opción le solté que si era consciente de que le había hecho un favor. Pues no sólo le molestó, sino que se inventó que ese carro se lo habían dejado ahí para él. Acto seguido desapareció soltando lindeces por la boca.
No podría contar aquí los recuerdos que me vinieron a la mente de la pobre familia del susodicho espécimen mientras cruzaba el parking para colocar el carro.
Ejemplos como éste o cuando se me cuela alguien en una cola ,y por no liarla me callo, hace que me de cuenta de lo poco asertiva que soy.
Seguro que como yo hay mucha gente y ya va siendo hora de que podamos defender nuestros derechos sin tener que agredir o ser agredidos.