Sé que después de esta entrada, pasaré a formar parte del colectivo
friki de este país, pero no tenía más remedio de agradecerle de alguna manera a
Malatesta el detalle de haberme dado el capricho.
Los que me
leéis sabréis mi
afición por el maquillaje. De un par de neceseres, pasé a ocupar una cajonera donde meter mis potingues (y no descarto de la idea de hacer un blog sobre éstos), y de ahí a hacerme un rincón en la casa d0
nde colocar el tocador, que por cierto es de
Ikea y está genial, ya que no ocupa mucho sitio. El caso es que lo he tenido sin espejo durante un tiempo y la pared me lo pedía a gritos.
Apenas veía con el espejo de mesa, que aunque lleva la luz incorporada es muy blanca. Tan blanca, que mata los colores y corría el riesgo de salir a la calle como Carmen de
Mairena.
Estuve mirando
on line los precios de los espejos de
camerinos, con sus
lucecitas incorporadas y no bajaban de trescientos euros, así que
recurrí al espadachín que no le disgustó mucho la idea de ponerse manos a la obra. Es un cielo.
El resultado es éste.

Ahora me siento como una estrella del "
jolibú" cada vez que me miro al espejo.